Ante un nuevo 24 de marzo -EL RECUERDO DE LA QUERIDA NIEVES-Escribe Mario Elgue

Para los amigos que la queríamos tanto, Nieves no se ha ido: está muy dentro de cada uno de nosotros. Su sonrisa contagiosa, su imagen inconfundible, se nos presentan a cada rato: cuando leemos un poema, cuando hablamos sobre lo que nos pasa y lo que le pasa a nuestro amado país.
Nieves -que oportunamente fuera declarada ciudadana ilustre de nuestra ciudad- se asocia a recuerdos muy sentidos. Se vincula a historias queridas y a queridas presencias. En todo momento, evocamos a aquella profe que sabia equilibrar la transmisión de conocimientos (sin dogmas ni relatos sesgados) con el estímulo al pensamiento crítico y con la contención afectiva; aquella docente que imprimió en nosotros fuertes influencias, generándonos ese acercamiento intelectual -pero también emocional- con los poetas del Siglo de Oro español y con el boom de la poesía latinoamericana.
Pasamos la primera dictadura de Onganía, de aquellos espadones que lo continuaron y después vino la barbarie de la dictadura cívico- militar de Videla (y sus representantes provinciales y municipales) que la secuestró y la dejó prescindible. Pero, aún en ese trance tan difícil, que se llevó la vida de tantos amigos, el cariño por Nieves nos movilizó a favor de su aparición con vida y luego para su reincorporación a la Escuela Normal.
Quiero recordar a Nieves sonriendo, charlando sin cortapisas de todos los temas, como buena librepensadora que era.
Ante este 24 de marzo -en el cual fue homenajeada en los actos de nuestra ciudad- quería señalar que es deseable sostener la verdad y la justicia completas: que el «Nunca Más» sea la condena al nefasto terrorismo de Estado pero tambien a todo tipo de violencia política. Y, al mismo tiempo, hacer un esfuerzo para no abroquelarse en el rencor o en el fanatismo que ciega a los de uno u otro signo.
Nieves le temía al paso de los años, pero la muerte le temía a ella. Es que alguien que pasó por la vida con tantas ganas de vivir, que se había desvelado por enseñarnos a pensar en libertad, sin prejuicios, sin ataduras, es una presencia tan vital que jamás será devorada por el olvido. Y esa será la clave de su eternidad. Siempre estará en nuestras vidas, estará en nuestros sueños. Aparecerá en el instante menos pensado para instarnos a que miremos más lejos, respetando la pluralidad y el disenso civilizado; para que sintamos más fuerte y para que no cejemos en el intento de lograr más dignidad para todos y para cada uno.

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